BAILE DE MÁSCARAS - PROLOGO
PRÓLOGO
La luna colgaba como un centinela plateado sobre los jardines de la mansión Duverger, mientras una niebla tenue se deslizaba entre las estatuas cubiertas de musgo y los rosales en flor. El viento nocturno traía consigo un aroma embriagador de lirios y secretos, como si la misma noche supiera que algo prohibido estaba a punto de desatarse.
Dentro del gran salón, la opulencia se desplegaba en cada rincón: candelabros de cristal resplandecientes, cortinas de terciopelo rojo, columnas adornadas con guirnaldas doradas. Las notas sensuales de un cuarteto de cuerdas serpenteaban entre los cuerpos danzantes, que se movían con gracia y misterio, protegidos por máscaras ornamentadas que ocultaban identidades y liberaban deseos.
Era el año de 1872. París aún se recuperaba de sus heridas políticas, pero aquí, entre los muros de mármol, todo era juego y fantasía. El baile de máscaras no era solo una tradición de la alta sociedad… era una excusa para romper las reglas.
Comentarios
Publicar un comentario