Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2025

CAPíTULO 4: EL OLOR DE LA POLVORA

Imagen
Gabrielle Dumas se despertó al amanecer, en una pequeña habitación oculta detrás del ala de los sirvientes. El vestido yacía a sus pies, su piel aún llevaba el aroma del perfume robado de Madame Duverger. Había regresado a ese rincón silencioso del mundo real como una ladrona que apenas había escapado. Pero no había escapado del todo.  Había danzado con Jean Piere. Le había susurrado mentiras entre verdades. Y por primera vez desde que ideó su plan, algo en ella temblaba. Sacó de su pequeño baúl un cuaderno viejo, cubierto con papel encerado. Lo abrió. Dentro, estaban los nombres de quienes habían destruido la vida de su madre, y en la cima de esa lista figuraba uno: Guillaume Deverou, padre de Jean Piere. Un hombre que había tenido demasiado poder en sus manos. Un hombre que había enterrado más de un escándalo bajo cheques firmados con pluma de oro. Un hombre que, según los rumores, había sido culpable de una tragedia de cocina disfrazada de accidente. La madre de Gabrie...

CAPíTULO 3: BAJO LA SEDA ROBADA.

Imagen
  La madrugada aún no llegaba, pero el salón de la mansión Duverger ya comenzaba a vaciarse de máscaras y perfumes. Solo quedaban los más osados, aquellos que sabían que la verdadera fiesta comenzaba cuando los testigos se retiraban. Jean Piere, sin embargo, no buscaba compañía ni desenfreno. Estaba en la biblioteca, entre volúmenes antiguos y humo de cigarro.  La guerra le había enseñado a leer los silencios.  Y el de aquella mujer no era cualquier silencio. El recuerdo del roce de sus dedos le quemaba todavía.  ¿Quién era en realidad Antonieta Dumas? ¿Por qué su advertencia sonaba más a desafío que a precaución?. Encendió una lámpara de aceite y se sirvió un brandy. Mientras lo hacía, su mente volvió a una noche de invierno en Alsacia, a una orden mal dada y a los rostros de dos jóvenes soldados que no regresaron. Desde entonces, la frivolidad del mundo burgués le resultaba ofensiva. Sin embargo, allí estaba, atrapado entre candelabros y vestidos de seda, ...

CAPíTULO 2: LA MASCARA DE LA VERDAD.

Imagen
  A medida que la noche avanzaba, el salón de la mansión Duverger se llenaba de una atmósfera más densa, cargada de susurros, miradas furtivas y pasos discretos sobre el suelo de mármol. Jean Piere no podía dejar de pensar en ella. Antonieta Dumas, su nombre resonaba como una melodía exótica, pero su enigma no se desvanecía, sino que lo absorbía más. ¿De verdad era de Burdeos? ¿Cómo había llegado a mezclarse entre la alta sociedad? Había algo en su porte, algo en su mirada, que no encajaba con el papel que pretendía representar.   Se apartó del bullicio y se dirigió hacia el balcón para respirar aire fresco. El viento nocturno agitaba levemente las cortinas, trayendo consigo el perfume enigmático de la rosa de la mansión, entrelazado con la humedad de la niebla. Antonieta había dicho algo más que palabras vacías durante su breve conversación; había dejado caer una insinuación, un reflejo fugaz de algo que estaba tan cerca de ser revelado, pero que se deslizaba co...

CAPíTULO 1: EL ECO DE LOS VIOLINES.

Imagen
Jean Piere Deverou apoyó su copa de cristal en el alféizar del ventanal y observó los jardines iluminados por la luna. A sus veintinueve años, era ya un hombre de presencia refinada y mirada inquisitiva. Heredero de una fortuna mercantil nacida en los puertos de Marsella y pulida en los salones de París, se sentía como un invitado en su propia época. La guerra lo había cambiado; lo que antes era una fiesta, ahora era un juego peligroso.   La música del cuarteto serpenteaba a través del mármol y el terciopelo, pero no lograba disipar su incomodidad. El salón, lleno de plumas, máscaras venecianas y risas falsas, le parecía una ópera mal ensayada. Fue entonces cuando la vio. Ella no bailaba. Caminaba entre los grupos con un equilibrio extraño, como si flotara por encima del mundo al que pretendía pertenecer. Su máscara era sencilla, negra y sin adornos, pero sus ojos… sus ojos atraparon los suyos como un alfiler a una mariposa.   —¿No baila, monsieur? —pregunt...

BAILE DE MÁSCARAS - PROLOGO

  PRÓLOGO La luna colgaba como un centinela plateado sobre los jardines de la mansión Duverger, mientras una niebla tenue se deslizaba entre las estatuas cubiertas de musgo y los rosales en flor. El viento nocturno traía consigo un aroma embriagador de lirios y secretos, como si la misma noche supiera que algo prohibido estaba a punto de desatarse. Dentro del gran salón, la opulencia se desplegaba en cada rincón: candelabros de cristal resplandecientes, cortinas de terciopelo rojo, columnas adornadas con guirnaldas doradas. Las notas sensuales de un cuarteto de cuerdas serpenteaban entre los cuerpos danzantes, que se movían con gracia y misterio, protegidos por máscaras ornamentadas que ocultaban identidades y liberaban deseos. Era el año de 1872. París aún se recuperaba de sus heridas políticas, pero aquí, entre los muros de mármol, todo era juego y fantasía. El baile de máscaras no era solo una tradición de la alta sociedad… era una excusa para romper las reglas.

BAILE DE MÁSCARAS - PORTADA

Imagen