CAPíTULO 4: EL OLOR DE LA POLVORA
Gabrielle Dumas se despertó al amanecer, en una pequeña habitación oculta detrás del ala de los sirvientes. El vestido yacía a sus pies, su piel aún llevaba el aroma del perfume robado de Madame Duverger. Había regresado a ese rincón silencioso del mundo real como una ladrona que apenas había escapado. Pero no había escapado del todo. Había danzado con Jean Piere. Le había susurrado mentiras entre verdades. Y por primera vez desde que ideó su plan, algo en ella temblaba. Sacó de su pequeño baúl un cuaderno viejo, cubierto con papel encerado. Lo abrió. Dentro, estaban los nombres de quienes habían destruido la vida de su madre, y en la cima de esa lista figuraba uno: Guillaume Deverou, padre de Jean Piere. Un hombre que había tenido demasiado poder en sus manos. Un hombre que había enterrado más de un escándalo bajo cheques firmados con pluma de oro. Un hombre que, según los rumores, había sido culpable de una tragedia de cocina disfrazada de accidente. La madre de Gabrie...